MI MODELO PERFECTO PARTE FINAL

2 comments

MI MODELO PERFECTO

PARTE VIII

FINAL



Decido ir por lo que quiero. Lo elijo a él. Ha derrotado todas mis defensas y ya no puedo más. Me levanto de la silla, tomo su mano y la alzo. Coloco sus brazos en mi cadera y rodeo su cuello con los míos. Empiezo a moverme con el ritmo de la melodía, me atrapa. Se deja llevar, siento cómo reacciona. Flexiono mis piernas, él hace lo mismo. Mi pecho roza el suyo, su pierna entre las mías. Subimos de nuevo, sigo moviéndome, provocándolo. Sus manos acarician de arriba a abajo mi espalda, haciendo que mi piel se erice.

Me coloco de puntillas, mis labios van a su cuello, lo lleno de besos, de pequeños mordiscos. Escucho su respiración agitarse como la mía. Mis labios se pasan por su nuez de adán, sube a su barbilla, la que muerdo. Un suspiro sale de su boca, como la respuesta a mis deseos. Sin esperarlo, me aparta un poco de su cuerpo, me toma de la cara y me insta a mirar sus ojos.

―¿Estás segura, preciosa? ―Me encanta escucharlo decirme así.

No respondo, solo asiento.

―Dímelo, quiero escucharlo. ¿Segura de lo que estás haciendo? No quiero un juego contigo, quiero todo. ―Sus palabras calan en mí.
―Sí, segura. Te deseo y quiero entender cómo es que me afectas tanto.

Mis palabras le agradan, su mirada se intensifica y sus dedos se clavan en mi piel. Me lleva a su boca, me tienta con sus labios. Sin necesidad de que me inste, lo recibo con deseo. Se vuelve intenso, profundo, necesitado. Mis dedos buscan sus cabellos, juego con ellos. Me toma de mis caderas, colocándome a horcajadas sobre él. Siento su excitación entre mis piernas.

―No hay vuelta atrás, Dana. Desde hoy serás mía.
―Sí, tuya ―respondo, sin saber exactamente qué significa eso.

No me doy cuenta, pero en segundos me deposita en la cama, la que supongo es suya. Sábanas azules, suaves, elegantes. Huelen a él. Sus labios recorren mi cuello, mis brazos, mis pechos, mi vientre. Me derrito por él, por lo que me hace sentir, desear. Se coloca de rodillas en la cama, se quita la camisa blanca que tiene y lo veo, lo admiro. ¡Es perfecto!

Se inclina sobre mí, baja mi escote por mi cuerpo, dejando mi parte de arriba al descubierto. Cuando se da cuenta de que no tengo brassier, se vuelve loco. Sus manos caen sobre mis pechos, los aprieta, los pellizca, tan fuerte que me hace gemir, por dolor y excitación. Pero no le importa, y la verdad, a mí tampoco. Me fascina.

Mis manos van a parar a su espalda, mis uñas arremeten contra su piel. Mi deseo me puede, quiero que me posea. Vuelve a su rodillas.

―Ábrete para mí ―dice, no como un pedido, sino como una orden.

Lo hago sin rechistar. Sus ojos me dicen cuánto me desea y eso me da más valentía para hacer lo que necesito. Tomo mis bragas, me las quito poco a poco, arrastrándola por mis piernas. Sigue cada movimiento, como un león cazando a su presa. Vuelvo a abrirme ante él, esta vez completamente desnuda, invitándolo a tocarme.

Sus dedos tocan mi sexo, mi intimidad, en toda su extensión. Cuando toca mi humedad un leve gemido sale de su garganta. Mi cuerpo se retuerce de placer, absorbiendo cada sensación, cada espasmo que hace surgir. Sus dedos ruedan con toda la facilidad que le permite mi intimidad.

―Ya estás lista para mí. No voy a resistirme más.

El rache de su vaquero se escucha, se los baja hasta la mitad de sus piernas. Sin esperar, impacta en mi interior sin ningún reparo. Mis piernas le dan más espacio para hacer, se hunde profundamente en mí, me duele y me gusta. ¡Es tan grande! Lo siento completo, haciéndome sentir que no hay vuelta atrás, que soy suya por voluntad propia. Mis piernas lo envuelven, quiero que empiece a moverse y que me vuelva loca.

Como si me leyera el pensamiento, sus caderas viven y empiezan a moverse, entrando y saliendo de mí. Mis jadeos, mi gemidos, mis gritos lo vuelven loco, lo descontrolan. Toma mis cadera y se entierra más en mí. Mi intimidad lo aprieta, su posesión me hace explotar como una bomba.

―Córrete, córrete para mí, mientras me miras.

Mis ojos tocan los de él, mi cuerpo se retuerce al llegar al orgasmo, pidiendo piedad. Pero no se detiene, sino que entra más y más fuerte, para poder llegar al placer. Cuando siento su hombría más hinchada todavía, vuelve a hacerme contraer y caer en picada. Los dos nos corremos al mismo tiempo, quedando exhaustos. Cae a mi lado, me recoge con sus brazos y me coloca encima de él. Besa mi frente y acaricia mi espalda.

―Mía, Dana. Nuestros cuerpos se responden y se amoldan a la perfección.

Me gusta que lo diga. Sé que no son solo nuestros cuerpos, sino nuestras almas. Por algo nos hemos cruzado y pienso descubrir qué es. Me levanta de la cama, pero no me permite vestirme. Lo sigo hasta el comedor y nos sentamos. La comida ya está servida.

Durante toda la noche me cuenta de su vida, de su hijo, al cual ama más que el mismo, de su familia, de su trabajo. A su sinceridad, responde la mía. Le cuento sobre la última relación que tuve hace tanto tiempo. Las risas, las caricias, los juegos y las provocaciones aparecen una tras de otra en la velada. Un pequeño roce de nuestros dedos, hace que el deseo vuelva a encenderse. Pero esta vez seré yo quien disfrute cada parte, cada poro de su piel. Él lo sabe y lo espera con ansia.

Al final de la noche, sus manos quedan tatuadas en mi piel, como marcando sus territorios. Mis uñas quedan evidenciadas en su espalda y mis dientes en todo su cuerpo. Nos vemos ambos en el espejo y nos reímos. Esta noche nos hemos salido de control. Nuestro deseo ha aparecido y ha sido testigo de las entregas más intensas que hallamos tenido. Noto como acaricia mis caderas, mis pechos hinchados. Su toque es único. ¡Juro que me vuelvo loca por él cada vez que lo tengo enfrente! Aprecia lo que ha hecho en mí y lo veo deleitarse. Lo entiendo perfectamente, porque verlo marcado por mí me hace sentir poderosa y dueña de él. ¿Las consecuencias nos han importado? No, para nada. Las sesiones fotográficas quedarán pospuestas por unos días.

Nuestras miradas se entrelazan al igual que nuestras almas. Sabemos que somos uno para el otro, que hay algo más que estamos descubriendo juntos. Este amanecer que hemos visto hoy solo será el principio de muchos a los que estamos dispuestos a apostar.

Estoy feliz de haberlo conocido, me ha llenado de deseo, de amor, de protección. Soy suya en cuerpo y alma, como él de mí, lo sabe. Mis mejores sesiones fotográficas son con Marcos. Sabe cómo darme lo que quiero, lo que necesito en cada aspecto de mi vida.

Él me importa, lo amo, lo necesito y le doy todo lo que soy, mi modelo. Sé que hoy tiene algo que decirme. Así que lo espero envuelta en deseo e incertidumbre en nuestra cama. Cuando veo que cruza el umbral de su cuarto, la pasión no se hace esperar. Vuelvo a querer ser suya de nuevo. Justo en este momento, quiero degustar a mi modelo perfecto, sentirme entre su brazos, darnos el uno al otro . Dejaré para después lo que me quiere decir.
Derechos Reservados
Autora Dayana Rosas S. G.
Fotografía- 123RF - Nelly Sabitova



PARTE I
PARTE II
PARTE III
PARTE IV
PARTE V
PARTE VI
PARTE VII

2 comentarios

  1. Muy bueno el relato Daya, muy bien construido, intenso, sensual...
    Te jugaba un quintico ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias mi Tony. Ja ja ja esa es una expresión muy de aquí de Venezuela. Ja ja ja gracias! !!!!

      Eliminar