SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE XII 


Siento su aliento en mi rostro, sus labios en los míos y no puedo creer lo que está sucediendo. ¡Me está besando Víctor! Mi cuerpo empieza a reaccionar y, en vez de apartarse, se acerca más. Respondo con más fuerza el beso, con más intensidad y él me deja. Pruebo sus labios, su aliento, y quedo fascinada. Quiero estar más cerca, así que me cuelgo en su cuello, aproximándome más a él. Toco sus hombros, sus cabellos, su rostro y siento todo su cuerpo. Víctor me toca con delicadeza, con intensidad y me dejo. ¡Parece un sueño! Y lo es.

Tratando de entender un poco todo, me separo de él, aún con los ojos cerrados del éxtasis.

―Sí, así imaginé que sería besarte, preciosa. ―Su respuesta me descoloca―. ¿Sentiste algo tú?
―No debiste, no debiste. Sí, por supuesto. Me has hecho confirmar mis sentimientos por ti. No es mentira. Ha sido un beso… ―no logro seguir, ruborizándome.
―Tú lo necesitabas, también yo. Lo imaginé varias veces, Lore. Cuando nos conocimos. No pretendo separarme o separarte de mí. Sí, me casaré con mi prometida porque la amo. Tú eres esa amiga que no quiero perder, pero esto nos lo debíamos los dos, desde hace tiempo. Siento no corresponderte y lamento mi pedido. Pero espero no te vayas de mi lado. Es tu elección, te quiero como amiga, a mi lado en todos los momentos. Podré no darte lo que quieres de mí, pero te protegeré siempre, porque eres parte de mi vida. Solo tú tienes la decisión.

No respondo, no digo más nada. No tengo por qué hacerlo, mis ojos lo hacen por mí. En la medida que salen, él los enjuaga con sus manos.

―Tome la decisión que tome, siempre estarás en mi corazón ―respondo, con la voz quebrada―. Cuando uno se enamora, no es algo pasajero. No se hace con sentido y queriendo, solo ocurre. Cuando es verdadero, no se olvida. ¿Cuántas veces escuché eso? Solo ahora sé lo verdadero que es. Sé feliz, Víctor. Siempre feliz, así me harás feliz a mí también.

Otro beso me brinda Víctor, tierno, delicado. No debería hacerlo pero no puedo decir que no, y eso no es bueno para mí. Sufriré demasiado al verlo con otra, pero a la vez me alegraré porque está completo. Todo se va olvidando, mientras sus labios me tocan.

―No te despidas, Lore. No lo hagas. Piénsalo, luego decide. Respetaré lo que decidas.

Con esas palabras, me toca el rostro y desaparece de la habitación, dejando a una «yo» estupefacta, impaciente y en cortocircuito. 
 
Derechos Reservados
Imagen - Pixabay -  Engin_Akyurt
Autora Dayana Rosas S. G.

Leer Más

SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE XI

Sus ojos se entusiasman, me da una de esas sonrisas que matan. El corazón empieza a bombear más de lo normal. ¿De verdad lo estoy considerando? ¿Para qué? Si el rechazo es obvio. Medio sonrío, dándole confianza a que termine la respuesta.

―Sí, realmente quiero que te des una verdadera oportunidad y una a él. Mentiría si te dijera que no quiero saber quién tiene enamorada a mi cansona amiga.

¡Bien, este es el momento! ¡Aquí se acaba todo, amistad, comprensión, respeto de él hacia mí! Ahora me verá como una molestia que debe desechar. Podría evitarlo, pero no quiero. Me infundo valor, tomo una bocanada de aire.

―Te dije que no tenías por qué saber, ¿cierto? Y que esa persona no tiene que sufrir pensando en que no tengo su amor. Pero creo que no va a ser posible.
―Deja los rodeos, Lore. Dilo de una vez. ¿Quién es?
―Tú ―suelto sin esperar más. Víctor queda atontado, tratando de entender las palabras que salen de mi boca―. Estoy enamorada de ti, desde cuando te conocí. Ya sabes algo que nunca debiste saber. No quiero que me tengas lástima ni mucho menos.

Me levanto decidida, me acerco a la puerta para abrirla e indicarle que se marche. Pero cuando volteo, él está detrás de mí, esperando a que gire el cuerpo. Mira fijo a mis ojos, como buscando la verdad.

―Lorena, ¿de verdad soy yo de quién estás enamorada?
―Sí, Víctor. Por favor, no lo digas, no lo repitas ni se lo digas a nadie. No quiero ser el hazmerreír. Lo siento, no debí decírtelo, pero ya que.
―No estás enamorada de mí, es otra cosa. Debe ser otra cosa.
―¡Vaya, ahora tú sabes más de mis sentimientos que yo misma! ¡Eso es nuevo! ―Me detengo un poco mirando el suelo, para luego continuar―: Mira. Víctor, si no quieres verme ni hablarme más, lo entiendo. No necesitas que nadie entorpezca tu relación, así que no es necesario que lo hagas. Demos esta amistad, o como se llame, aquí.

Se acerca a mí, tan cerca que puedo oler su perfume, ese que me encanta. Inhalo un poco, para extasiarme con él. Toma mi rostro y me besa en los labios, muy suave, tierno, casi sin rozarme. Me quedo idiotizada, sin esperar el momento. No sé qué hacer, ni qué pensar.
 
Derechos Reservados
Imagen - Pixabay - Free-Photos
Autora Dayana Rosas S. G.
 
Leer Más

SIMPLEMENTE A TU LADO

PARTE X

Sin permiso alguno, toma mis manos entre las suyas. Una emoción me recorre entera, pero es pura ilusión. No guardo esperanzas de algo que nunca llegará. No puedo evitar emocionarme, pero sé que es algo más. Y no creo que sea bueno para mí, algo me lo dice.

―No podré estar aquí todo el tiempo, preciosa. Serás la primera en saber. Hoy me he comprometido

¡¿Quéeeeee?! Esto es más de lo que puedo soportar. Algo se me tranca en la garganta y el llanto quiere volver a salir, pero no lo permito. Lo veo emocionado, contento. Algo de eso que siente me lo traspasa, tranquilizándome. Si él es feliz, debería serlo yo también. Pienso en lo que me dijo, una y otra vez. No desistirá hasta emparejarme con alguien, no sé por qué.

―Guao ¡Qué noticia! ―articulo, casi imperceptible―. Felicidades por el compromiso, Víctor. Mereces ser feliz hoy y siempre. Los mejores deseos para ti. ―Decido callar y que todo fluya como debe ser. No quiero convertirme en la tonta que se enamoró sola.
―Gracias, Lore. Se lo pedí antes de venir para acá, en contra de su voluntad. Pero tenía que verte. Por eso, dilo, ábrete y quizás él sienta lo mismo que tú.
―¡Dios mío, dale con el tema! No es así, no es así. Basta, ahora menos lo diré. Me buscaré otro novio, ¿te parece bien así?

El celular suena, trato de llegar a él por si es mi madre, pero Víctor se hace con él antes. Mira la pantalla y la tensión aparece en su rostro. Descuelga la llamada y contesta.

―No la vuelvas a llamar más, hijo de tu m… ―suelta un insulto terrible―. Esto lo vas a pagar, no lo dudes. Déjala en paz, no te ama. Es muy buena para ti. Vuélvetele a acercar y sufrirás las consecuencias. ―Cada palabra, cada oración es dicha de forma amenazante.

Cuelga sin más, sin esperar. Se desarregla el pelo, respira para calmarse. Sorprendida, le froto las manos, el hombro y le acaricio el rostro y la cabeza. No es posible que no lo haga. Verlo molesto o preocupado me golpea. Por fin, sonríe. De esa manera me desarma.

―¿De verdad quieres que le diga? ¿Tan ansioso estás por saber?

¿Le digo la verdad para ser sincera y perderlo para siempre? No lo sé. Su respuesta lo decidirá todo.

Derechos Reservados
Imagen  - Pixabay - Free-Photos
Autora Dayana Rosas S. G.
Leer Más

SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE IX


Me sigue apretando fuerte. Cuando tomo conciencia de la situación, trato de apartarme. Víctor no me deja. Sigue acariciándome la cabeza, me seca las lágrimas teniéndome entre sus brazos. Como por arte de magia, me calmo, dándole paso a la paz, la vergüenza y la incertidumbre de su presencia aquí. Se separa un poco de mí, ve mi rostro y niego con la cabeza.

―Esto no se va a quedar así. Ese malnacido va a tener lo que se merece por intentar… ―Se interrumpe, no pudiendo terminar la frase.

―No ha pasado nada, Víctor. Déjalo así. ¡Por favor, no interfieras!

―Di lo que quieras, Lorena. Pero se ha metido contigo. Ese poco hombre sabrá lo que es meterse con una mujer.

Lo observo una y otra vez, y no logro entender qué hace aquí. Debería estar con su novia, pero se encuentra aquí, conmigo, calmándome. ¿En qué estará pensado este hombre?

―Víctor, ¿qué haces aquí?

―Martha me contó y tuve que venir para saber cómo estabas.

―Lindo, si apenas me soportas ―comento, tratando de sonreír sin poder lograrlo―. Todavía no entiendo, aunque te doy las gracias. De verdad, me has calmado bastante. Sentía miedo, pero ya no.

―Porque no tienes a un hombre que te defiende, Lore. Porque el hombre que amas no está aquí para hacerlo, así que me atrevo a hacerlo yo. Y no digas que no te soporto, para mí eres muy dulce y tierna, algo como una brisa que sienta bien. Eres mi amiga.

Lágrimas vuelven a salir, un sollozo se escapa de mi garganta. El corazón se me encoge y no puedo controlarme. Me siento tan vulnerable. ¡Dios, por lo menos pensará que lloro por la situación y no por sus palabras desgarradoras!

―No, Lore. No llores, no soporto que lo hagas. Todo ha pasado. ―¡Ni idea tienes Víctor! ―Deberías decirle a él, seguramente querría estar aquí, protegiéndote.

―Para con eso, por favor, Víctor. No te lo dije para que me lo estés restregando todo el tiempo. Fui sincera, pero déjalo pasar ya. Haz como si no lo supieras. Si no quieres estar, tienes la libertad de irte. Ya saldré como pueda de esto.

―¡Cómo me haces molestar, hermosa!

―No me digas así, Víctor. Ya estoy bien, ¿me ves? Puedes irte tranquilamente.

Me levanto de la cama para ir hacia la puerta, pero no me deja. Me detiene fuerte con su mano y vuelve a sentarme, de un tirón, en la cama. ¡Dios mío, quiero que termine esto!
Derechos Reservados
Imagen - Pixabay - efes
Autora Dayana Rosas S. G.
Leer Más

SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE VIII


El escándalo fuera del cuarto me despierta. ¿Qué pasa? Me quedo petrificada al pensar que Tomás está afuera formándole un problema a Martha. No muevo ni un músculo, seguramente mi querida amiga lo despachará, mintiéndole al decir que no estoy aquí. Las voces se hacen más audibles.

―¿Dónde está? Quiero verla ―dice una voz masculina, no la de Tomás. El corazón se me empequeñece todo.
―En el cuarto. Está dormida. No la vayas a despertar, por favor. Espera a que descanse.

¡Dios mío, es Víctor! ¿Qué hace aquíí? ¿Cómo se enteró? Mi mente maquina rápido. Obviamente, la bocota de mi amiga se ha ido más de la cuenta y mira lo que ha pasado. Tomo mi celular y le escribo rápidamente.

«Por favor, Martha, no dejes que entre. No quiero que me vea de esta manera ni quiero contarle lo que ha pasado. Dile que se vaya, que me he tomado un calmante o algo. Que se vaya».

No recibo respuesta alguna. ¡Qué lea el mensaje, por favor! Segundos después, Víctor entra en la habitación, sin siquiera tocar la puerta por cortesía. Observa mi cuerpo, mi cara, mi necesidad y gime de rabia.

―¿Es verdad lo que me ha contado Martha?
―No ―respondo, temblándome la voz.
―Ahora me mientes. ¿Dónde está ese maldito? Esto lo va a pagar.
―¿De qué hablas, Víctor? No hay nada que pagar ―comento, partiéndoseme la voz. Las lágrimas vuelven a brotar, pero ya no solo de miedo, sino de rabia porque él me está viendo de esta manera.

Al verlas, su rostro cambia, su cuerpo se tensa mucho y no se mueve. Trato de secar mi rostro con las manos, sin éxito, pues las gotas siguen mojándome.

―Vete, Víctor. No ha pasado nada.

Se acerca a mí como un rayo, se sienta en la cama a mi lado y me abraza. Primera vez en la vida que recibo uno de él. ¡Qué bien se siente aquí entre sus brazos! Lo sigue haciendo, más profundo, más protector. No sé cómo, pero me voy relajando, sintiéndome más segura. Las lágrimas se van deteniendo, mientras me acaricia el pelo.
Derechos Reservados
Imagen - Pixabay -  markusspiske
Autora Dayana Rosas S. G.

Leer Más

SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE VII

Corro hacia la avenida principal. Miro sobre mi hombro varias veces, para corroborar que no me sigue. Como no quiero quedarme más tiempo, tomo un taxi de la línea cercana, así tenga que gastar más. No quiero estar un minuto más aquí. 

Ya dentro del auto, saco mi celular y le escribo a Martha que me reciba en su casa. No puedo llegar a mi casa de esta manera tan frenética y asustada, mi madre colapsaría. Me llama inmediatamente preguntando lo que me ha pasado.

―Linda, no quiero hablar. Por favor, cuando nos veamos ―respondo, algo temblorosa.

Se despide verdaderamente preocupada. Le doy al señor la dirección de mi amiga. Me coloco la chaqueta, me siento expuesta, sucia, atormentada. Las lágrimas salen sin control, sacando todo el sentimiento reprimido que tengo desde esta mañana.
 
Veinte minutos después, el señor me deja enfrente de la casa de mi amiga. Bajo sin mucha confianza. Me acerco a la reja y toco el timbre, muy suave, sin fuerza, sin precisión. De pronto, me doy cuenta que tiemblo, como un niño asustado por el monstruo que hay en el armario.

Martha atiende inmediatamente. Ve la clase de despojo que estoy hecha, así que me abraza sin que se lo pida. Me aferro a ella, como si mi vida dependiera de ello. Algo más relajada, mis lágrimas siguen cayendo. Trato de evitarlo, pero no puedo. Abrazadas, entramos a su casa. Me lleva al sofá, en el que tantas veces reímos y lloramos. Se dirige hacia la cocina, buscando un té para calmarme.

Cuando regresa, estoy hecha un ovillo en el sofá, con la cabeza entre las piernas. Me saca de mi mutismo, obligándome a tomar el té. Hago caso y le doy unos pocos sorbos.

―Ahora que estás más calmada, dime qué pasó. ¿Cómo te has podido colocar así? Me tienes demasiado preocupada.
―Tomás… ―logro pronunciar, entre sollozos.
―¿Tomás te hizo esto? ¿Qué pasó? Pero cuenta, mujer.

Haciendo mi mejor intento, poco a poco, voy contándole todo a Martha, mi gran amiga. Su rostro se vuelve blanco como una servilleta. Asombrada, indignada, furiosa está. Su cara niega, una y otra vez, conforme mis palabras fluyen en el aire.

―Condenado, malnacido, imbécil. Esto no se va a quedar así, que lo sepas.
―No, por favor. No quiero que esto lo sepa nadie. Nadie. Promételo ―la insto a responder.
―Como quieras, Lore. Pero…

Le tomo las manos y le ruego de nuevo. Acepta mi petición, para luego llevarme a su cama a descansar un rato, después de llamar a mi madre y contarle una mentira. Como si me hubiese tomado algo, el sueño me invade y caigo profunda en la cama.
Derechos Reservados
Imagen - Pixabay -PublicDomainPictures
Autora Dayana Rosas S. G.
Leer Más

SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE VI

Lo veo tan cerca de mí, todo se agita y se acelera. Corro hacia el comedor y me escudo con la mesa. Su mirada es iracunda. Jamás lo había percibido de tal manera, no parece él, o quizás siempre lo ha sido y nunca me he dado cuenta. Me persigue, pero no me alcanza. Se me ocurre irme al baño, tengo suficiente espacio para llegar, así que me lanzo hacia allí. No me percato de la perra, y se mete entre mis piernas, haciéndome caer. ¡No puede ser!

No tengo que esperar mucho tiempo para que Tomás se aferre y apriete mi brazo, me levante de un tirón del suelo. Me zarandea una y otra vez, pero no me golpea ni nada. Pensé que lo haría. 

―No hagas eso otra vez, Lorena. No quiero hacerte daño, pero de aquí no te vas hasta cuando sepas que eres mía. ¿Entiendes?
―No quiero, no quiero. Déjame ir.

Niega con la cabeza, me abraza fuerte, pretendiendo besarme. Lo muerdo fuerte, negándome a hacerlo. Me empieza a tocar y siento cómo se va excitando. ¡Dios, pero qué locura! Trata que subirme la camisa, sin encontrarlo. No lo dejaré tocarme.

Fastidiado de mis negativas y mis rechazos, me arrastra hasta su cuarto. Me resisto, tirándome en el suelo. No le importa ni un poco, me toma de la mano y sigue su camino. En el umbral de la puerta del cuarto, todo me dice que estoy perdida. Este hombre mancillará mi cuerpo por toda la vida y la deshonra caerá en mí. ¿Esto es lo que debo pagar por ser mala mujer? Me niego a creerlo.

Como por arte de magia, el timbre suena. Tomás se detiene de golpe, pero no responde. Luego,  el sonido se escucha varias veces más, sin detenerte.

―¡Mierda! ―exclama.

Me suelta del brazo, camina hacia la puerta y abre. Escucho que habla con un hombre, aunque no puedo decir con quién. Corro hacia la sala, tomo mi bolso, mi chaqueta. Me dirijo hacia donde están. Choco contra el cuerpo de Tomás, buscando que me dé espacio para salir. El solo hecho de tocarle me da náuseas. El golpe lo tambalea y me deja salir. ¡Por fin, afuera de este infiero! No me percato de quién es la otra persona, solo escucho la pregunta lógica: ¿qué le pasa?

Derechos Reservados
Imagen sacada de una película
Edición Dayana Rosas
Autora Dayana Rosas S. G.
Leer Más