MI MODELO PERFECTO PARTE V

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MI MODELO PERFECTO

PARTE V








Por fin, hoy es el día. Me costó decidir qué colocarme. Mi amiga Tania me ha ayudado, así que ha elegido este vestido vino, con un escote en la espalda que la deja descubierto, solo unas pequeñas tiras que juegan y rozan mi piel. El vestido es ceñido al cuerpo, mangas largas pero con una tela casi transparente, con figuras de flores; solo en la parte de mis pechos y mis caderas se encuentra un forro vino tinto que me cubre. Las piernas descubiertas desde más arriba de las rodillas, a la mitad de mis muslos.

Sí, así quería verme. Por supuesto, el vestido no es mío, nunca me compraría algo así. Es que nunca he sentido la necesidad de provocar a un hombre como las que tengo ahora. Así que lo ha tomado prestado del vestuario de la revista. Como es de esperarse, no se me ve como a esas modelos a las que disfruto fotografiar. Pero es lo mejor que hemos podido hacer y, definitivamente, creo que puedo lograr mi cometido.

Ric me llamó en la mañana y me dijo que a las siete de la noche debía estar en la entrada recibiendo a los trabajadores y demás invitados del evento. Sin rechistar, acato su orden. Por lo que me encuentro a esta hora, aquí en la puerta saludando e invitando a pasar a todo el que llegue. Me ha dejado la responsabilidad a mí únicamente. Por eso me encuentro sola en la entrada.

He pasado casi veinte minutos y sigue apareciendo un carro tras otro, personas tras otra. Mi trabajo: dar la bienvenida y sonreír. De pronto, algo llama mi atención. Se estaciona un carro azul índigo, un modelo nuevo. ¡Precioso!

―¿Sabes cuál es la marca de ese auto? ―pregunto a un hombre que va cruzando el umbral.
―Por supuesto. Es un Mercedes AMG C63, uno de los carros más caros que existen.

¿Quién vendrá allí? La puerta se abre y aparece, nada más y nada menos, que Marcos Herrera. Me quedo estupefacta al presenciar eso. Se baja muy elegantemente, le extiende la llave al chico, para luego dirigirse a la entrada. Como puedo, le sonrío, lo saludo formalmente. Él hace lo propio y se adentra. No me ha mirado siquiera con emoción alguna. Lo que temí, me ignora y solo quiere tener la seguridad de que puede brillar aquí en la revista con mi trabajo. ¡Ni tibio está, no trabajaré con él!

Cuando han llegado todos, me presento en el escenario principal. Todo está listo para que comience la función. El evento comenzará con un desfile de moda con todos nuestros modelos. Marcos es la pieza central. Al salir caminando, con su porte, su mirada, se gana el corazón de varias chicas que están enfrente de mí. No sé por qué estoy que ardo de la rabia. No lo miren, es mío son las palabras que se me ocurren. ¿Pero cómo culparlas? Realmente es para admirar.

Al terminar, los aplausos no se hacen esperar. Hago lo mismo que los demás, mis palmas se unen vitoreando a cada uno, principalmente a Marcos. De pronto, me entran unas ganas de fastidiarlo. Así que, además de darle los aplausos correspondientes, le extiendo una mano, la otra me la llevo a la boca y le lanzo un beso efusivamente. La mirada de él es intensa, fuerte, molesta. He logrado mi cometido, así que sonrío para mis adentros.

El desfile termina sin ningún inconveniente. La presentación ha sido todo un éxito. Las bebidas y la comida no se hacen esperar. Ricardo pide la atención de todos los presentes para dar inicio a la formal bienvenida de nuestro modelo. La presencia de Marcos impacta en el escenario, con su risa y sus ojos ámbar. ¡Todo un crimen, lo admito! Se ve impresionante con ese saco que lleva.

Su mirada no se desvía ni una sola vez a mirarme, lo que hace que sonría. ¡Qué orgulloso! Claro, que una mujer lo rechace debe hacerlo arder, como todo hombre. Es igual a todos. Otro punto a favor de la idea de rechazar la cita. Sonrío y tomo un sorbo del champagne que tengo en mi mano. Escucho a una chica a mi lado, no más de 25 años, excitada y gritando por el logro de este hombre. El mal humor se instala en mí, como cuando a un niño le niegan el caramelo que más le gusta. ¡Quiero trapear con ella el suelo! Me muevo un poco, la empujo con toda la intención.

―¡Ay, disculpa, chica! Perdí el equilibrio. ―Y una...
―Tranquila, estoy bien. ¿No es bello? ―me pregunta. Lo que me hace ver a Marcos de arriba para abajo.
―Sí, no hay duda que es un hombre guapo ―respondo sin mucha importancia.
―Lo es. ¡Divino! Y todavía no puedo creer que hay alguna estúpida que no lo vea y lo deje plantado como a cualquier mequetrefe. ―Sus palabras me inquietan.
―¿Y por qué lo dices?
―Hace semanas que se le vio en un restaurante esperando hasta las tantas, solo en la mesa y ninguna mujer llegó. Además, lo tomó de sorpresa una lluvia esa noche como a las 12 y algo, la hora en la que cerraron el lugar.
―Pero... pero...
―Obviamente, como ese día no había llevado coche, se fue caminando. Dicen por allí que como estaba triste, dejó que la lluvia hiciera lo que tenía que hacer. Empaparlo. Todo esto lo escuché de una fuente confidencial. Pero verlo enfermo y con resfriado sí que lo viví yo. Soy su fan número uno, así que hice todo por cuidarlo. Asombrosamente, él me dejó.

Mi corazón late como un caballo galopando. Si no hubiese música, todos pudieran escucharlo. ¿Me ha esperado como dijo que lo haría? ¡Increíble!

―¿Estás bien? ―me pregunta extrañada. Pero no puedo proferir palabra.

Me aparto de ella, me acerco un poco al escenario y lo observo con tanta pasión y devoción que no me lo creo. Me juré nunca volver a sentir esto por otro hombre, pero ha sido imposible. Sonríe, galantea, y es maravilloso. Todo lo que he buscado y estudiado de él es cierto. Hombre preparado y, además, sincero y claro. Por primera vez, desde hace mucho tiempo, siento que he cometido un error. Una lágrima me recorre por la mejilla.

En ese instante, sus ojos tocan los míos, contengo mi respiración y salgo del salón a toda prisa. ¡Debo pensar qué hacer! ¿Me he equivocado? ¿No busca un juego? ¿Cómo podré verlo de nuevo? ¿Qué debo hacer? Pienso una y otra vez, lavando mi cara, calmando mi ansiedad.

Cuando salgo del baño, allí está él, en medio del pasillo, grande, poderoso y, principalmente, preocupado. ¿Estoy lista para hablar con él? No lo sé, quiero correr, pero no él me dejará.





Derechos Reservados
Imagen - Pixabay - mohamed1982eg 
Autora Dayana Rosas S. G.





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PARTE II
PARTE III
PARTE IV
PARTE VI
PARTE VII
PARTE VIII FINAL