MI MODELO PERFECTO PARTE VII

No Comments

MI MODELO PERFECTO

PARTE VII



Sin falta, al día siguiente me escribe por WhatsApp la dirección, el día y la hora de la próxima cita. ¡Increíble! Tiene mi número de teléfono y nunca me escribió. Bueno, realmente tampoco lo hubiese hecho con el desaire que le hice. ¿Quien se lo habrá dado? Me da curiosidad saberlo. Cuando lo vea, le preguntaré.

Para mi sorpresa, el encuentro es para esta misma noche. Solo de imaginar que estaré con él en algún lugar comiendo y compartiendo, me emociona. Al recordar esos rocen que hemos tenido, el corazón se acelera y retumba en mi pecho. ¡Sí, sabe cómo reacciono ante él! De seguro se aprovechará de ello. ¿Quiero que lo haga? Por supuesto que sí. 8 p.m. Allí estaré.

Después de terminar la sesión fotográfica con los modelos, salgo de la revista directa hacia el salón de belleza. Fani se percata de mi apuro y me detiene.

―¿A dónde vas con tanta prisa?

Sin quererme detener más de lo debido, me disculpo; pero ella no me deja marchar, así que doy la cara a la conversa. Insiste en que le cuente, no me queda otro remedio. Como no quiero sacar todo a la luz, solo doy detalles.

―Tengo una cita muy importante hoy y debo arreglarme. Más bien voy tarde.
―No seas ridícula. ¿Para qué me tienes sino para ayudarte? Vamos. Apura.

Me arrastra hacia su espacio de trabajo. Un cuarto perfectamente arreglado, con implementos inimaginables. Como siempre he dicho, Fani es la mejor en su trabajo. Con la mirada me indica que me siente y lo hago. Hace que baje mi cabeza y comienza la sesión. Lava mis cabellos, los seca, maquilla mi rostro. Al verme en el espejo no puedo creerme el cambio que he dado.

―Estás preciosa. Definitivamente le encantarás.
―Ojalá ―se escapa de mis labios.
―Ahora falta el toque final. La ropa.

Sale del cuarto con prisa. Vuelve en cinco minutos exactos, trae consigo un vestido espectacular. Blanco, corto, de coctel.

―Esta es la combinación perfecta. Resaltará el color de tu piel y tus ojos. Será provocativo por el escote de la espalda y resaltará tus curvas, además de que jugarás con tu sensualidad con este cuello bobo. Te verás despampanante. Anda, ya no queda casi tiempo. Aséate en el baño, te cambias y te vas. Un beso. Toda la suerte. Debo irme.

Así mismo como ha llegado, se marcha. Me deja sorprendida y agradecida. ¡Le debo una! Hago lo que me ha dicho. Cuando me coloco el vestido, cae perfectamente sobre mi cuerpo. No soy una modelo, pero ciertamente me realza. Me siento atractiva y poderosa. Estoy lista para lo que venga. O eso creo. El vientre bajo empieza a cosquillearme. ¡Nervios, vaya! ¿Hace cuánto no los siento? Ya ni recuerdo.

Salgo del edificio, voy al estacionamiento y entro al carro, lo enciendo, me veo por el retrovisor y respiro. ¡Tranquila, Dana! Salgo y empiezo a dirigirme a la dirección señalada.

En media hora estoy en el sitio. Pero... ¿esto qué es? No es un restaurante, sino una casa. Una muy espaciosa, cabe decir. Hermosa vista. ¿Será posible? Me ha citado en su casa. Contrariada, no sé si salir o no del auto. Aquí solo habrá un solo final, y no porque él lo busque, sino porque yo lo haga. ¿Estoy dispuesta a ello?

Mi cuerpo toma la iniciativa y sale en volandas del puesto del piloto. Me detengo en la puerta principal y toco el timbre. La puerta principal se abre y me deja entrar. Mis pasos me llevan al jardín de la casa. Respiro hondo y cierro mis ojos, deleitándome con la fragancia que despiden las flores. Cuando los abro, Marcos ya está de pie frente a mí.

―Bajaste del carro ―apunta, con una mirada intensa.

No respondo. Solo me acerco más a él, mis labios tocan su mejilla derecha. Me sonrío.

―Quitas la respiración, ¿lo sabes? Ven.

Extiende su mano sobre la mía, haciendo que la electricidad recorra mi cuerpo por entero. ¡Madre mía, cómo me hace sentir! Me adentra a su casa, me lleva hasta el comedor, galantemente dispuesto. Velas, música, copas, vajilla. Toda una sorpresa. Me sienta en la parte izquierda del comedor, al lado de la cabecera. Me invita a sentar y lo hago.

Pienso que va a ocupar su puesto, pero no. De pronto, siento sus dedos en mi espalda, sus labios en mi cuello. No pongo objeción ninguna, lo necesito. La música de fondo, sensual, sugerente, ayuda a que el momento sea más intenso todavía. Sus dedos me recorren toda, juegan y hacen círculos; sus dientes muerden, su lengua roza. Soy pura sensación.

Mi respiración se acelera y mis manos van justo a la mesa. Cuando un suave jadeo se me escapa de los labios, su sonrisa aparece. Se yergue de nuevo y ocupa su lugar. Lo observo atontada, necesitada, pero no digo nada. Se sienta, sus ojos ámbar e intensos no dejan mi cuerpo ni por un segundo.

¿Qué debo hacer? ¿Dejo pasar el momento o voy por lo que quiero? No puedo creer que con tan poco tiempo de conocerlo, me tiente a querer tantas cosas de él. ¿Qué haré?

Derechos Reservados
Autora Dayana Rosas S. G.
Imagen- Pixabay - Pexels





PARTE I
PARTE II
PARTE III
PARTE IV
PARTE V
PARTE VI
PARTE VIII FINAL

0 comentarios

Publicar un comentario