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 ✨ Capítulo 2: La foto que no fue casual




No sé en qué momento acepté. Tal vez fue la forma en que lo dijo. O la manera en que me miró, como si ya me conociera de antes, demasiado bien. ¿Puede ser posible o es solo mi imaginación?

Luisa, su mánager, se acerca con una sonrisa práctica, de esas que organizan todo sin preguntar demasiado. Me pide el número y, sin pensar, se lo doy.

Error. O no. Siento su mirada todavía sobre mí, aunque ya no está justo enfrente. Está atendiendo a la siguiente persona, firmando, sonriendo, siendo el escritor que todos admiran.

Pero algo cambió. Lo sé. Lo sentí. ¿Cierto?

Salgo del salón con el libro apretado contra el pecho, como si pudiera contener todo lo que acaba de pasar. Afuera, el aire es distinto. O soy yo. 

Abro el libro, busco la página de la dedicatoria. Leo: «¡Por fin te encontré!». ¿Qué significa esto?

Mi teléfono vibra. Demasiado pronto para mis nervios. Número desconocido. El corazón me da un golpe seco. Abro el mensaje. Y allí está: la foto. Estamos los dos. Demasiado cerca. Demasiado íntimos para ser desconocidos.

Pero no es eso lo que me deja sin aliento. Es el texto.

«No miras así a alguien por primera vez.»

Se me hiela la piel. No es una frase amable. No es un agradecimiento. Es una afirmación clara y sincera, que abre un torbellino de emociones en mi corazón y en otras partes que no puedo ni nombrar.

Levanto la vista, casi por instinto, como si él pudiera estar ahí, mirándome. ¡Qué ridícula eres, Valeria! ¿O no?

El teléfono vuelve a vibrar. Otro mensaje. No espero demasiado y lo abro. La curiosidad puede conmigo.

«Pensé que tardarías más en venir.»

El mundo se detiene. Mi mente intenta encontrar lógica, excusas, coincidencias, cualquier cosa que no sea esto. Pero hay algo dentro de mí que no duda.

Él sabe. Sabe quién soy. Sabe que lo leo. Sabe que lo sigo. Sabe demasiado. ¿También sabrá de lo que crea en mí cada vez que lo leo? Estúpida que eres.

Mis dedos tiemblan sobre la pantalla. No debería responder. No debería. Pero tampoco debería sentir esto. Esa mezcla peligrosa de vértigo, curiosidad y algo más oscuro.

Escribo. Borro. Vuelvo a escribir. Y al final, hago lo peor que podía hacer. Respondo.

«¿Debería preocuparme?»


El mensaje se envía. Un segundo. Dos. Tres. La respuesta llega sin demora. Como si estuviera esperando. Como si siempre hubiera estado esperando.


«Eso depende, Valeria…»

«…de cuánto quieras acercarte.»


Capitulo 1

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Capitulo 1. La mirada que no debió existir 

Y allí estaba yo, en una presentación del autor que, literalmente, ha vivido en mi mente, mi cuerpo, mi deseo, desde que lo leí por primera vez.

¿Lo he visto alguna vez? Claro que no. Solo por foto, y una que no tiene nada que envidiar. Sin mentir, de pensar que estoy en el mismo salón donde él estará, me entra el nervio.

Cuando lo veo sentarse en la mesa, todo se me revuelve de emoción. La presentación comienza puntual, cosa que agradezco, y la presentadora introduce a mi escritor estrella. Todos aplauden calurosamente, y no puedo dejar de hacer lo mismo.

Parezco una niña de lo nerviosa que estoy. ¡Pero vamos a ver, mujer, cálmate! ¿Pero cómo podía tranquilizarme si este hombre me tocaba con cada letra de sus libros? Y él ni lo sabía.

Todo ocurre muy rápido, para mi gusto. Escucharlo declamar es un deleite; hace que se me suban los colores y se me erice la piel. Así como a todas las que nos encontramos aquí. ¿Puedo culparlas? Por supuesto que no.

Cuando llega el momento de la firma de autógrafos, la fila se forma. Por supuesto que me voy a llevar la publicación de su último libro: Te busco y no te encuentro. Ya solo con el título lo quiero. Respiro profundo. Ya casi estoy frente a él.

La persona delante de mí grita, se emociona, pide un autógrafo y se va. Luego, vengo yo. Tenerlo enfrente es tremendo e intimidante.

—¿A nombre de quién? —pregunta suavemente, sin levantar la mirada.

—Valeria —respondo muy bajo, como si yo fuera la más penosa del mundo.

Él levanta la vista y me mira fijo a los ojos. Ese segundo intenso es suficiente para quitarme la respiración. Un silencio entre los dos, infinito… para luego volverse sonrisa. ¿Seductora? No lo puedo creer.

Escribe algo en el libro, pero no logro leerlo. Se levanta como si nada, se coloca a mi lado, me toma de la cintura y me acerca a él. No entiendo nada de lo que está sucediendo. El click de una cámara rompe el momento y nos toman una foto juntos.

Jamás pensé en pedirle una foto. Mi vergüenza no me lo permitiría. Lo siento tan cerca que el calor de su cuerpo enciende el mío. Y yo que tenía la esperanza de que al verlo esto no fuera nada… que no me atraería. Pero es peor de lo que imaginé. Deseo puro y admiración. Combinación fatal para mí.

—Valeria, dale tu número de WhatsApp a Luisa, mi mánager, para que te envíe la foto de hoy —dice amablemente.

—No, no es necesario —respondo.

—Insisto. Mi mejor fan no puede ser tratada como cualquiera —afirma, con una sonrisa que oculta algo más que buena voluntad.

¿Me reconoce? ¿Sabe quién soy? Qué cosas. ¿Mis comentarios no se pierden entre el mar de mensajes?

Pero no sé qué hacer. Primera vez que no sé cómo reaccionar.

¿Podré olvidar este día?

Lo dudo mucho.


Capitulo 2

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Aunque mi día fue cansado, no pude esperar más para leer tus letras.

Eres adictivo para mí: intenso, sutil, poesía hecha deseo, pero carne también.


¿Cómo decirte que mi corazón se acelera con cada palabra tuya?

¿Cómo explicarte que mi intimidad despierta al ritmo de lo que escribes?

¿Cómo sostener este fuego que enciendes en mi mente, en mi pecho, en lo más profundo de mí?


Nunca podrías saberlo. Nunca querría que lo supieras.

Pero cada fibra de mi ser te desea.

Dentro de mí, sin reservas.


Y no, no esperaría ternura.

No buscaría suavidad.


Chica leyendo un libro

Querría todo lo que eres.

Sin medida.

Sin límites.

Dentro y fuera de mí.


Pero jamás lo sabrás.

Porque tú ni siquiera sabes que existo.

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SIN CORDURA


 



Él siempre me contaba de lo enamorado que estaba de ella. Siempre le decía que lo que ella hacía no era de una chica que correspondiera a su amor, pero como los hombres son como son, no me creyó. Así que tuve que dejar que se diera cuenta solo.

No pasó mucho tiempo para que lo notara. Ahora sí venía a mí con dolor, con temor, con frustración. Una y otra vez me repetía que no podía vivir sin ella, que era un tonto por enamorarse, pues ella nunca le había dado indicios de que fuera mutuo. Mil veces se dijo tonto y mil veces se sintió desolado porque su amor no se podía terminar. Y yo asentía, solo escuchándolo. ¿Qué más podía hacer? Nada, solo estar allí por y para él.

Pasados unos días, sus comentarios ya no eran de dolor, sino de resentimiento. Ella había empezado a mostrar cariño y a prestarle atención a otro chico. Eso lo ofuscaba y lo colocaba de mal humor. Una vez, con su semblante determinado, aseguró que la borraría de su vida, que no quería saber nada de ella, que la iba a olvidar, porque no soportaba su coquetería con los demás y, menos, con ese muchacho. Por supuesto, supe desde el principio que eso no era cierto. Así que seguí como su pañuelo de lágrimas.

Empecé a asustarme cuando me dijo que si ella no era de él, no era de nadie. Ya lo de no "querer saber nada de ella" estaba olvidado, como lo supuse. El semblante de mi amigo era oscuro, trágico. Y no que yo fuera amiga de ella, pero mi gran amigo estaba actuando de manera muy extraña. Me asustaba y no quería que ni él ni nadie saliera herido. Así que fui a hablar con la chica. Quedó atontada cuando le conté lo que pasaba. Quedamos en que tendría mucho cuidado con sus salidas.

Doy gracias a Dios por haber hecho lo que hice. Dos semanas después, él los esperaba con el carro prendido a las afuera del restaurante. Cuando iban cruzando la calle, arremetió con todo, pisó el acelerador y se fue encima de ellos. Si no fuera porque el chico fue rápido, mi amigo los habría matado a los dos. Con su objetivo no cometido, fue a mi casa y me lo contó todo. No hallaba qué decir, estaba muda. Había intentado matarlos. ¿Era cierto todo esto? ¿Mi gran amigo podía llegar a esos extremos?

La pareja presentó cargos, como era de esperarse. Obviamente, mi amigo tenía problemas y hoy cumple condena recluido en un sanatorio. Todas las semanas voy a visitarlo, hablo, converso. Dice que no se imagina sin mí. Lo veo mejor y espero que pronto se recupere y sea el mismo hombre cariñoso del que me enamoré una vez. Es increíble lo que puede hacer un ser sin cordura, sin control de sí. Por eso, hay que tomar las cosas con calma. Lo mejor es lo que pasa, ahora y siempre.

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Dayana Rosas S.G.
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BOTELLA DE CHAMPAGNE


¿Vienes? ―me pregunta.
Encantada ―respondo.

Toma mi mano y me adentra en un salón. Está oscuro y de pronto, la tenue luz de las velas encienden la estancia. Una mesa dispuesta con tremenda especialidad. Vasos, cubiertos, bebidas, platos en perfecta simetría y un olor que enamora a cualquiera.

Comemos, conversamos a la luz de las velas. Se respira intimidad y confesiones. En toda la noche no pude evitar percatarme que la botella de champagne no la tocó, ni la sirvió. Mi curiosidad me hace interrogar. 

 ¿Y para qué es la botella de champagne?
Una ocasión especial merece una bebida especial. Que utilizaré, especialmente, en tu cuerpo ―sonríe con mirada pícara.


No pude articular palabra. Pero mi cuerpo responde a él, a sus palabras. Y ya no puedo esperar a que ese momento llegue. Sus palabras me pierden.
 

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Dayana Rosas S.G.
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¿A QUIÉN ESCOJO?



Sentada aquí en el árbol, respirando el olor de la naturaleza. Pensando qué debo hacer. Estoy entre dos hombres, mis mejores amigos. No sé a quien escoger. Me siento feliz, llena cuando estoy con ellos. Pero a solas... No, no voy a pensar en nada. Disfrutaré y dejaré que ellos decidan... Luego, seguro no lo aceptaré.

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Dayana Rosas S.G.
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