SIMPLEMENTE A SU LADO XI

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SIMPLEMENTE A SU LADO

PARTE XI

Sus ojos se entusiasman, me da una de esas sonrisas que matan. El corazón empieza a bombear más de lo normal. ¿De verdad lo estoy considerando? ¿Para qué? Si el rechazo es obvio. Medio sonrío, dándole confianza a que termine la respuesta.

―Sí, realmente quiero que te des una verdadera oportunidad y una a él. Mentiría si te dijera que no quiero saber quién tiene enamorada a mi cansona amiga.

¡Bien, este es el momento! ¡Aquí se acaba todo, amistad, comprensión, respeto de él hacia mí! Ahora me verá como una molestia que debe desechar. Podría evitarlo, pero no quiero. Me infundo valor, tomo una bocanada de aire.

―Te dije que no tenías por qué saber, ¿cierto? Y que esa persona no tiene que sufrir pensando en que no tengo su amor. Pero creo que no va a ser posible.
―Deja los rodeos, Lore. Dilo de una vez. ¿Quién es?
―Tú ―suelto sin esperar más. Víctor queda atontado, tratando de entender las palabras que salen de mi boca―. Estoy enamorada de ti, desde cuando te conocí. Ya sabes algo que nunca debiste saber. No quiero que me tengas lástima ni mucho menos.

Me levanto decidida, me acerco a la puerta para abrirla e indicarle que se marche. Pero cuando volteo, él está detrás de mí, esperando a que gire el cuerpo. Mira fijo a mis ojos, como buscando la verdad.

―Lorena, ¿de verdad soy yo de quién estás enamorada?
―Sí, Víctor. Por favor, no lo digas, no lo repitas ni se lo digas a nadie. No quiero ser el hazmerreír. Lo siento, no debí decírtelo, pero ya que.
―No estás enamorada de mí, es otra cosa. Debe ser otra cosa.
―¡Vaya, ahora tú sabes más de mis sentimientos que yo misma! ¡Eso es nuevo! ―Me detengo un poco mirando el suelo, para luego continuar―: Mira. Víctor, si no quieres verme ni hablarme más, lo entiendo. No necesitas que nadie entorpezca tu relación, así que no es necesario que lo hagas. Demos esta amistad, o como se llame, aquí.

Se acerca a mí, tan cerca que puedo oler su perfume, ese que me encanta. Inhalo un poco, para extasiarme con él. Toma mi rostro y me besa en los labios, muy suave, tierno, casi sin rozarme. Me quedo idiotizada, sin esperar el momento. No sé qué hacer, ni qué pensar.
 
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Autora Dayana Rosas S. G.