SIN CORDURA
Él siempre me contaba de lo enamorado que estaba de ella. Siempre le decía que lo que ella hacía no era de una chica que correspondiera a su amor, pero como los hombres son como son, no me creyó. Así que tuve que dejar que se diera cuenta solo.
No pasó mucho tiempo para que lo notara. Ahora sí venía a mí con dolor, con temor, con frustración. Una y otra vez me repetía que no podía vivir sin ella, que
Botella de Champagne
BOTELLA DE CHAMPAGNE
―¿Vienes? ―me pregunta. ―Encantada ―respondo.
Toma mi mano y me adentra en un salón. Está oscuro y de pronto, la tenue luz de las velas encienden la estancia. Una mesa dispuesta con tremenda especialidad. Vasos, cubiertos, bebidas, platos en perfecta simetría y un olor que enamora a cualquiera.
Comemos, conversamos a la luz de las velas. Se respira intimidad y confesiones. En toda la noche no pude evitar percatarme que la botella de champagne no la tocó, ni la sirvió. Mi curiosidad
¿A QUIÉN ESCOJO?
¿A QUIÉN ESCOJO?
Sentada aquí en el árbol, respirando el olor de la naturaleza. Pensando qué debo hacer. Estoy entre dos hombres, mis mejores amigos. No sé a quien escoger. Me siento feliz, llena cuando estoy con ellos. Pero a solas... No, no voy a pensar en nada. Disfrutaré y dejaré que ellos decidan... Luego, seguro no lo aceptaré.
Derechos Reservados Dayana Rosas S.G.
Imagen Pixabay - sasint
ANAYAD Y EL OGRO
ANAYAD Y EL OGRO Había una vez, hace mucho tiempo, una linda joven llamada Anayad, que vivía en una cabaña con su padre, Leafar; libre, poco común y curiosa. Todos en el pueblo hablaban de ella. Era hermosa, un ángel todos así lo sentían, pero su encantamiento por los libros y las letras era algo que en ese pueblito no entendían. Por eso, desde cuando llegaron allí, ella nunca se sintió parte de aquel lugar.
Anayad era una joven inteligente, soñadora, con carácter y servicial.
UN EXQUISITO DESPERTAR
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UN EXQUISITO DESPERTAR
Cuando despierto, veo el reloj. Las ocho de la mañana. La luz entra rauda por la ventana. El clima es perfecto dentro del cuarto. Mi cuerpo se despereza, miro hacia el lado y lo veo a él, perfectamente desnudo, sin una sábana que lo cubra. ¡Dios mío, no sufre de frío este dios nórdico! Mis ojos se posan en toda su anatomía. Me pierdo en él.
El calor se apodera de mi cuerpo.
LA BAMBALINA Y EL COPO DE NIEVE
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LA BAMBALINA Y EL COPO DE NIEVE
Esa noche ella estuvo pensando una y otra vez lo que pediría a su querido San Nicolás para la noche de Navidad. Pero realmente no se le ocurría nada. Desde pequeña, nunca le enseñaron a pedir cosas puntuales, puesto que estaban convencidos de que Él sabía de antemano lo que cada uno de ellos necesitaba.
Ya con sus veinticinco años de edad, y a sabiendas de que la
SIMPLEMENTE A SU LADO XIII FINAL
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SIMPLEMENTE A SU LADO PARTE XIII
FINAL
Han pasado siete meses desde aquella noche, no sé decir si fatídica o de suerte. ¿Quién puede decir que fue de suerte? Solo yo. No le he escrito, no lo he hablado, ni he salido con nadie de nuestro grupo. Como bien lo prometió, no ha intentado disuadirme de lo contrario. ¡Sí, es un buen hombre! Por eso lo amo.
No había podido aceptar la idea